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HABLE CON SUS ALUMNOS SOBRE EL ALCOHOL

Publicado por daniel 31/01/2008 06:50 / 1 Comentario Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

La Dimensión Orientadora del Profesor

Gerardo Castillo Ceballos

ESPAÑA

Existe bastante acuerdo entre los expertos en atribuir al profesor  -a todo profesor- tareas que pertenecen a cuatro áreas de actividad: docencia; orientación; investigación y normativa de la convivencia. Esas cuatro áreas expresan cuatro dimensiones del profesor que no son independientes entre sí, sino que están íntimamente relacionadas. Cuando el profesor atiende una de ellas está retroalimentando a las restantes. Un ejemplo: el campo principal de investigación del profesor es su propio trabajo como docente y orientador. Otro ejemplo: la buena enseñanza es orientación. En este documento me referiré únicamente a estas dos últimas dimensiones.

 

1- El profesor como docente

De todo profesor se espera que enseñe (que enseñe una materia determinada). El significado más conocido de enseñar es mostrar unos conocimientos, instruir, informar. Sin rechazar esta acepción, hay que decir que enseñar es mucho más que instruir. Una enseñanza reducida a instrucción devalúa la figura del profesor; además, le pone en situación de ser desplazado y sustituido por cualquier recurso técnico (por los ordenadores, por ejemplo).

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Enseñar es también y sobre todo guiar al que aprende, para que pueda aprender más y mejor. Desde esta perspectiva el profesor es un guía o consejero del aprender. Esto último  -a diferencia del simple instruir- exige entrar en el mundo del alumno, adaptarse a cada realidad personal y ponerse a su servicio. Aquí no basta ya explicar una materia; se necesita, además, observar y escuchar a los alumnos para conocer sus dificultades como aprendices y ayudarles a superarlas.

 

Ser guía o consejero del aprender implica orientar a los alumnos en la realización de su trabajo; capacitarles para que aprendan por sí mismos, para que aprendan a aprender y para que aprendan a pensar. Esto incluye iniciarles en las diferentes técnicas de estudio y asesorarles en su utilización.

 

El buen profesor guía todo el proceso de aprender de cada uno de sus alumnos: diagnostica los problemas; formula metas; ayuda en las dificultades que surgen; evalúa lo aprendido; reorienta en los casos de mal aprendizaje.

De todo lo anterior se deduce que enseñar es orientar.

 

2- El profesor como orientador personal

En el epígrafe anterior hemos visto que el profesor orienta en lo escolar -preferentemente en situaciones de grupo- con ocasión de la enseñanza de su materia. Pero el buen profesor aspira a ampliar esa orientación. No se conforma con orientar en grupo, sino que aspira a orientar de forma individual (por ejemplo, cuando habla con un alumno a la salida de clase o durante un descanso). Tampoco se conforma con orientar al estudiante, sino que pretende orientar a la persona que estudia (por ejemplo, cuando habla con un alumno que ha perdido la motivación por el estudio a causa de un problema familiar).

 

El buen profesor no limita su ayuda a la problemática estudiantil; ayuda a la persona total. Intenta que cada alumno crezca como persona, aunque sin desvincular esto último del estudio: la mejora como estudiante es un aspecto de la mejora personal (en el sentido de hacer del estudio un trabajo bien hecho).

 

El profesor debe basar la orientación en el conocimiento de cada alumno (como alumno y como persona). Sin ese conocimiento (que hay que actualizar contínuamente) la acción orientadora caería en el vacío. No tendría sentido dar a todos la misma cantidad de ayuda, puesto que para algunos -más dotados- sería innecesaria y perjudicial, mientras que para otros -menos dotados- sería insuficiente. Tampoco tendría sentido ayudarles del mismo modo (con el mismo tipo de ayuda), puesto que tienen una personalidad diferente. Cuando se habla de los  alumnos sin conocerlos (sin tener datos concretos y objetivos de cada uno de ellos) se incurre en tópicos y generalizaciones; además, se sustituye la orientación por las recetas.

 

El campo del conocimiento de los alumnos es muy amplio, por lo que el profesor tendrá que establecer unas prioridades. Sugiero que como mínimo, el profesor busque información relacionada con el rendimiento académico y con el comportamiento de cada alumno en el ámbito de la escuela. Esto supone averiguar por qué rinde o por qué no rinde; también por qué está adaptado o inadaptado dentro de la comunidad escolar. Parte de esa información la podrá obtener él mismo (a través de la observación de su conducta en clase y fuera de clase; a través de los exámenes y trabajos realizados, etc.). Otra parte de la información la tendrá que obtener de los demás profesores y del orientador de la escuela si existe (pedagogo o psicopedagogo).

 

El éxito del profesor en el conocimiento de los alumnos no depende sólo ni principalmente del tiempo disponible. Hay profesores que, con la mitad de tiempo que otros de una misma escuela, conocen a los alumnos mucho mejor. El secreto está en que saben aprovechar las oportunidades que se presentan cada día. Así, por ejemplo, para algunos profesores la clase diaria es solamente una situación para transmitir unos contenidos, mientras que para otros es, además, una situación en la que se puede observar el comportamiento de los alumnos. Quienes hacen esto último se sienten impulsados por una "pasión" que debieran tener todos los profesores: la de conocer más y mejor a cada uno de sus alumnos. Lo mismo se podría decir con respecto a la corrección de exámenes: para algunos profesores esa tarea sirve únicamente para calificar a sus alumnos, mientras que para otros sirve, además y sobre todo, para conocerlos mejor con vistas a una posterior orientación personal.

 

3- Algunos recursos para que el profesor pueda hacer orientación personal

A continuación sugiero cuatro procedimientos orientadores:

1- Clases participativas. A lo largo de ellas los alumnos formulan preguntas al profesor y contestan a las preguntas de este último. El profesor orienta con sus respuestas; también orienta enseñando a sus alumnos a hacer buenas preguntas.

 

2- Clases en forma de estudio dirigido. En ellas se aprende el tema del dia no escuchando una exposición del profesor, sino estudiando ese tema con el asesoramiento del profesor. Este procedimiento es, en mi opinión, el mejor para enseñar a estudiar. Los alumnos aprenden las diferentes técnicas de estudio (subrayado, esquema, resumen, etc.) aplicándolas bajo supervisión. Además adquieren hábitos correctos de estudio como, por ejemplo, el del estudio activo (con papel y lápiz; con autoformulación de preguntas, etc.).

 

3- Lecturas dirigidas. En ellas el profesor provoca -por medio de preguntas- un diálogo con sus alumnos sobre una lectura determinada. El objetivo que se persigue es desarrollar la capacidad de lectura comprensiva, como paso básico para el aprendizaje de cualquier tema.

 

4- Comentario de ejercicios, trabajos y exámenes realizados por los alumnos. Es una magnifica oportunidad para informar a cada alumno no solamente de sus aciertos y errores, sino también de sus causas y de como rectificar.

 

4- Las posibilidades orientadoras del profesor-tutor

La actividad orientadora que realiza cada profesor se puede potenciar concedíéndole un tiempo y una preparación añadida para que la haga con mayor detenimiento y profundidad. Además, se puede sistematizar y coordinar desde la dirección del centro educativo, con el fin de que sea una orientación programada y en equipo. El resultado de ello recibe el nombre de tutoría.

 

Importa mucho subrayar que el tutor es un profesor interesado en desarrollar más y mejor la dimensión orientadora que ya tenía en cuanto profesor. La tutoría es para él una oportunidad para orientar a sus alumnos de forma más personalizada y completa: con más trato personal; con mayor seguimiento; con mayor contacto con otros educadores (aquí si incluye ahora a los padres de los alumnos).

 

Cuando la tutoría se entiende como algo ajeno o como algo separado de lo que hace todo profesor, se desnaturaliza y desprestigia. En esa situación el tutor queda desvinculado del mundo de los alumnos y del mundo de los profesores; es un orientador sin identidad y sin base para orientar, que se limita al papel de "entrevistador".

 

Para ser fiel a esta manera de entender la tutoría es preferible hablar del profesor-tutor (y no del tutor).

 

La tutoría es una actividad orientadora realizada por el profesor con un grupo de alumnos que le han sido encomendados para la personalización de la educación.

 

La figura del pofesor-tutor se justifica por lo siguiente:

  • Sobre un mismo alumno inciden educadores muy diferentes (fundamentalmente profesores y padres) con influencias que no siempre van en la misma dirección. Existe, por ello, la necesidad de coordinar tales influencias, con el fin de que no sean contradictorias entre sí.
  • Cada alumno vive experiencias de todo tipo en ambientes muy diferentes: el hogar familiar, el grupo de amigos, la calle, etc. Esa diversidad puede perturbar al alumno, tanto por no ser armónicas entre sí, como por ser opuestas a los objetivos educativos planteados. Se plantea así la necesidad de conocer hasta que punto tales experiencias le están ayudando o perjudicando en su desarrollo personal. Esa información será el punto de partida para la correspondiente orientación personal.

 

Hay una definición del tutor que recoge las necesidades que acabo de mencionar:

"Aquel profesor, entre el conjunto de profesores de un mismo alumno, cuya misión es la de ayudar al educando a sintetizar el cúmulo de experiencias y hechos dispersos que en él inciden, y que por su inmadurez natural, no es capaz todavía de integrar en su personalidad" (García-Hoz).

 

El tutor no hará efectivas tales posibilidades si no sabe integrar en la acción tutorial a los padres de cada alumno y a sus profesores, de forma que se dé una orientación en equipo. La función del orientador no es hacerlo todo; tampoco es reducir a padres y profesores a simples ejecutores de lo que él decide. El tutor, por el contrario, debe "repartir juego": implicar a cada padre, a cada madre y a cada profesor en el proceso de orientación de cada alumno. Ello empieza por saber escucharles.

 

También se espera del tutor que sea "tutor de los padres", en el sentido de orientarles en todo lo relacionado con la educación de sus hijos.

 

FUENTE: 
Universidad de Navarra / Educación / Colegios / Artículo

http://www.unav.es/educacion/colegios/articulos/28_dimen.doc

 

 


Publicado por Fisac 9:06 AM / 1 Comentario Ver nota completaEnviar nota a un Amigo
Comentarios:
Publicado por Anónimo 31/01/2008 17:37 Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

 Dado que la reforma a la educación que actualmente se implementa a nivel secundaria privilegia la enseñanza centrada en el alumno, Comparto con el autor la concepción del profesor como orientador, guía y facilitador del aprendizaje lo cuál implica sin lugar a dudas, un conocimiento más profundo de sus alumnos. Me parecen muy interesantes además,  los recursos que menciona para favorecer la orientación personal.

Este artículo llama mi atención en particular debido a que mi quehacer actual se relaciona con la prevención de adicciones por lo que trataré de compartir esta información con mis compañeros docentes a fín de motivarlos a fortalecer sus acciones cotidianas dándoles un enfoque preventivo basado en el conocimiento de sus alumnos, la tutoría y orientación permanente.

  Muchas gracias

  Edna Sandoval

 

 

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