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QUÉ ES LO QUE LA ESCUELA PUEDE HACER

Publicado por daniel 25/03/2011 02:25 / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

Prevención de las adicciones en las instituciones educativas

Juan Pablo Berra

ARGENTINA

La problemática de las adicciones cada día concentra mayor atención: se multiplican los estudios científicos, los análisis sociales y los diagnósticos psicológicos. El consumo irracional del alcohol y las drogas ya no se puede ocultar. Forma parte de nuestro paisaje cotidiano: nuestros alumnos en la misma esquina del colegio, nuestros hijos o sus amigos más cercanos en las fiestas de fin de semana.

 

Aquí quiero proponer algunas líneas de acción desde la perspectiva de la educación institucional. Analizar la realidad de las adicciones y sus consecuencias es necesario pero no suficiente ya que nuestra meta no es sólo asumir la realidad tal cual es, sino transformarla y, en ese proceso, convertirnos en personas más sanas, libres y creativas. Para lo cual quiero formular cuatro hipótesis: 1) la escuela es el espacio privilegiado donde se puede y debe prevenir el consumo irracional del alcohol como "droga puerta"; 2) las instituciones educativas juegan un rol en la prevención de las adicciones a veces más importante que el desempeñado por las mismas familias; 3) los colegios cuentan con recursos humanos adecuados para generar agentes de prevención; 4) las entidades que se dejen interpelar por la problemática de las adicciones podrán adecuar sus políticas de enseñanza a las necesidades reales de los alumnos y así mejorar su oferta educativa.

 

En muchos colegios se están haciendo los primeros intentos en prevención. La mayoría aún no logra superar el horizonte de las buenas intenciones. Sucede que el consumo irracional del alcohol y las drogas ilegales genera reacciones muy diversas y no se ha logrado todavía articular ideas y voluntades: algunos educadores y padres de familia están sobresaltados, muchos no creen que sea para tanto; a otros los paraliza el miedo y la inseguridad; hay quienes deciden hablar con las autoridades del colegio y preguntan qué se puede hacer; los directivos y docentes más sensibles promueven algunas charlas informativas para padres y alumnos, pero con poco éxito. Y, además, se advierte que nada alcanza: cada vez son más los que consumen. Se experimenta impotencia ante un desafío que pareciera exceder los propios recursos humanos e institucionales. Algunos, sin embargo, se atreven a formular dos preguntas claves: ¿mi colegio es un lugar donde se propagan o se previenen las adicciones? En el caso de promover la prevención, ¿lo hace eficazmente?

 

Comencemos por analizar la problemática del alcohol, punto de partida en la mayoría de las adicciones, y cuyo desafío golpea a alumnos, padres y docentes de cualquier colegio.

 

 

Antes que nada me gustaría que ustedes mismos pudieran contestar las siguientes preguntas:

¿Conocen el porcentaje de los alumnos que consumen alcohol y drogas de modo adictivo?

¿Cuántos litros promedio de cerveza calculan que consume un joven cada fin de semana?

¿Han realizado algún tipo de capacitación en su escuela respecto de la prevención de adicciones?

 

Pocos padres saben que actualmente el 59% de los adolescentes abusa de la cerveza. ¿Cuántos de ellos fueron prevenidos sobre las adicciones? Luego de quince años de asistencia a jóvenes con esos problemas puedo enumerar algunas constantes que favorecen el consumo de alcohol.

 

1. Está socialmente aceptado y no se toman los recaudos mínimos desde la contención familiar y escolar. Los medios de comunicación social han transformado al alcohol en una no-droga. Los padres y educadores no son conscientes de que el consumo irracional de alcohol puede producir, ahora o en el futuro, graves trastornos.

 

2. Hoy los jóvenes asumen sin ningún cuestionamiento el hecho de que no hay diversión sin alcohol. Para ellos la palabra alcohol no tiene una sola connotación negativa. Así las puertas de ingreso a la droga serán cada vez más amplias y su acceso más fácil.

 

3. En la iniciación al consumo de drogas casi siempre está presente el alcohol. Hoy se lo considera una droga de iniciación y a la vez complementaria de otras para potenciar sus efectos. Se consume fundamentalmente en las fiestas de fin de semana, la esquina del colegio y los lugares de encuentro de las pequeñas barras.

 

4. La drogodependencia es una enfermedad contagiosa. Esto se debe a la apología que normalmente hace el adicto, como parte de su enfermedad. Y esto se cumple siempre con el alcohol. Aquí juega un rol clave la institución educativa, porque el grupo de pares en gran parte está constituido por los compañeros del colegio.

 

5. La gran mayoría no sabe que la adicción a las drogas es una enfermedad absolutamente predecible. Si un adolescente comienza por el consumo irrestricto de alcohol pronto querrá dar otros pasos.

 

6. Cualquier adicción es una enfermedad evolutiva. Por ello es tan importante detectar el problema cuanto antes y actuar de inmediato. Como cualquier enfermedad de esta naturaleza se obtienen mejores resultados cuanto más incipiente sea su manifestación.

 

 

Pronto comenzarán campañas encubiertas para transformar a la marihuana en una no-droga y ya se multiplican los avisos publicitarios que promueven el consumo de sustancias que hacen sentir a sus consumidores más vitales, más despiertos y más eficientes. Con el tiempo la sociedad se tornará más permeable a aceptar el consumo de la cocaína que, para el imaginario colectivo, es considerada todavía como aquella sustancia propiamente adictiva y peligrosa.

 

En un reciente encuentro de especialistas alguien aseguró que la lucha contra el alcohol está perdida. Valdría la pena conversar en familia y en la escuela sobre esto.

 

Papel protagónico de la escuela

 

¿La lucha contra el alcohol en la escuela está perdida? Es probable. Sea como fuere, algo mucho más importante está en juego: nuestra capacidad de transformar en una alternativa de cambio un serio problema social y una amenaza constante para nuestros hijos. La droga destruye personas y familias enteras, pero aceptar el desafío de prevenir las adicciones puede también hacernos mejores personas, promover una mejor calidad de vida en la familia y favorecer una transformación en la educación que damos y recibimos.

 

El lugar central para prevenir cualquier adicción fue, es y será la familia. Pero hay circunstancias en las que ésta necesita la colaboración de docentes y otros padres para poder cumplir su misión. Por tres razones fundamentales: 1) con mucha frecuencia los padres ven muy poco a sus hijos, sobre todo si trabajan y regresan a casa muy tarde o están absorbidos por otras preocupaciones que les dejan muy poco margen para comunicarse con sus hijos. 2) Además del tiempo real compartido, está la formación que pueden o no brindar. Ningún país del mundo ha sufrido cambios tan vertiginosos como el nuestro en los últimos 20 o 30 años. Hoy, como nunca antes, tenemos la urgencia de contar con una "escuela de padres" que capacite en las problemáticas que afectan a nuestros hijos y de las que apenas tenemos información. El consumo de drogas es una de ellas y el colegio el ámbito necesario e insustituible, por naturaleza y por misión, para ofrecer estos medios. 3) Muy poco se habla del consumo irracional de alcohol y drogas por parte de los padres. Si las adicciones se propagan en todas las franjas etáreas ¿qué autoridad pueden acreditar los padres consumidores ante sus hijos?

 

A toda entidad educativa le cabe la grave responsabilidad de ofrecer a los alumnos y sus padres los recursos necesarios para responder adecuadamente al desafío de las adicciones. Sin embargo, en muchas escuelas no se realiza ninguna acción preventiva. Ante el grado de difusión que está adquiriendo el consumo de drogas dejar de encarar al menos campañas de información, implica la negación de la realidad y de algún modo, por omisión, favorecer el consumo.

 

 Algunos quedan satisfechos con las charlas informativas. Es un primer paso, pero insuficiente. Estas acciones aisladas no generan una política institucional que promueva la prevención y abarque a todos los alumnos de los diferentes cursos con sus respectivos padres. A esto se suma que la mayoría de los docentes no cuentan con la capacitación suficiente que les permita responder a este nuevo desafío. Esto podría solucionarse si se optara por constituir un equipo promotor en la prevención de las adiciones conformado por padres, docentes y alumnos de la institución. Y esto es francamente posible. No se necesita demasiado para fermentar la masa. Mucho más en aquellos colegios que han adoptado el sistema tutorial o cuentan con una activa asociación de padres.

 

A muchos padres y educadores el problema de las adicciones les genera miedo y parálisis. Luego de años de trabajar en este campo estoy convencido de que las adicciones son una alternativa que nos ofrece la Providencia para adecuar nuestra enseñanza al bien integral de las personas. Porque además de la falta de capacitación de padres y docentes en temas que forman parte de los verdaderos desafíos del mundo actual, tenemos otro problema, más estructural: se hacen esfuerzos de tiempo y dinero en computación, idiomas y todo aquello que en el futuro capacite para el trabajo. Pero todavía en las escuelas no se ha logrado implantar con éxito planes de prevención de adicciones que superen la mera información y el miedo como mensaje. La escuela, pública o privada, forma en lo científico-técnico pero más allá de los discursos, se relega o desaparece la formación en la comunicación, clave para la prevención en el consumo de sustancias. Se insiste sin cesar en la necesidad de cultivar el diálogo y la comunicación, pero ¿cómo se hace? En la era de la revolución de las comunicaciones por su rapidez y extensión son muy pocos los que enseñan a prolongar la revolución por la profundidad. A veces, hay carencias en la formación humana más elemental. ¿A quién le enseñaron a disfrutar del silencio, a saber dialogar, a compartir los propios sentimientos, a descubrir los propios dones?

 

Cinco acciones para soñar

 

Realizar nuestros sueños y transformar la realidad no es tan difícil como parece. Les propongo estas acciones en lo que respecta a las adicciones:

 

1. Tomar conciencia de la crisis. "Crisis" tiene dos acepciones: debemos responder a un desafío que se presenta por una parte como algo grave y difícil y por otra es una alternativa, una encrucijada que si tomamos el camino correcto, nos permitirá dirigirnos de manera más directa hacia la meta propuesta. Con frecuencia nos hacemos muchas preguntas acerca de cuáles son las necesidades de nuestros alumnos y nos olvidamos de aspectos esenciales que tienen que ver con la formación para la vida.

 

2. Informarse. Todos debieran ser conscientes de los efectos que producen las drogas, conocer los hábitos de consumo -que cambian con rapidez, y sobre todo analizar y utilizar las diversas acciones de prevención susceptibles de implementarse en el colegio.

 

3. Convocar a recursos humanos de la propia institución. Es posible detectar en una primera etapa padres y docentes interesados en colaborar en la prevención de adicciones. Lo que no hagamos junto a ellos y para ellos no lo hará seguramente nadie.

 

4. Capacitarse como agentes de prevención. Para ello será necesario formarse en lo que pocos dicen y casi nadie capacita: porque sólo es agente de prevención quien se forma en la comunicación. Esta capacitación tiene que apuntar a generar agentes de salud que velen para que tanto padres y alumnos puedan adquirir hábitos de vida sana mejorando sensiblemente su calidad de vida.

 

5. Promover una política educativa cuyo objetivo sea generar un espacio de capacitación y formación permanente para padres. Las acciones que verdaderamente transforman son aquellas que involucran a todo el núcleo familiar. La comunicación y las adicciones debieran ser temas prioritarios en cualquier agenda educativa.

 

FUENTE:      Revista Criterio/Sociedad

http://www.revistacriterio.com.ar


Publicado por Fisac 9:06 AM / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo
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