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CÓMO EDUCAR UN HIJO

Publicado por daniel 25/08/2010 21:51 / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

Ideas para la buena convivencia entre hermanos

Mireya Flor de Pérez

El niño/a necesita de la ayuda educativa de sus padres para superar el sentido de propiedad que tiene sobre el amor, la atención y la dedicación que ellos le brindan. Es muy importante que los padres amen a todos sus hijos con la misma intensidad, haciéndoles sentir apreciados y valorados; aunque cada uno  requiera distintas manifestaciones de amor. Cada hijo es diferente y en consecuencia tiene necesidades propias. Se ofrecen algunas ideas para propiciar un ambiente familiar adecuado.

 

Ideas para la buena convivencia entre hermanos

El ser humano es sociable por naturaleza; sin embargo, también tiene una tendencia innata al egoísmo, la agresividad, menosprecio de los derechos ajenos, etc. Si se dejara llevar por el instinto y la conducta espontánea, el hombre no podría comportarse como un ser social; por ello necesita de la ayuda educativa.

 

La educación que requieren los niños debe provenir de sus padres,  quienes han de promover relaciones de amistad entre los hermanos de tal  manera que la llegada de nuevos hijos contribuya a fortalecer el vínculo familiar. La calidad de la convivencia depende en gran medida del ambiente  que los padres generen en el hogar. Los padres que destacan los aspectos positivos -de personas, situaciones, relaciones, etc.-; dan importancia al espíritu de ayuda, servicio y colaboración; no demuestran favoritismos ni provocan competitividad; no tendrán problemas graves cuando surjan los inevitables brotes de celos, pequeñas envidias, competencias y comparaciones.

 

Los celos son una consecuencia natural del sentido de propiedad que los niños tienen sobre el amor, la atención y la dedicación de sus padres. Normalmente durante los tres primeros años de vida el niño/a depende mayoritariamente de su madre para satisfacer sus necesidades, poco a poco va descubriendo la figura del padre.

 

La llegada de un nuevo bebé es uno de los acontecimientos que puede causar inseguridad y nerviosismo en los niños. Por ello conviene que los padres preparen con suficiente anticipación un ambiente de tranquilidad, ilusión y acogida para el nuevo ser que complementará a la familia. Naturalmente el bebé necesita más cuidados y atenciones que sus hermanos mayores por su fragilidad y desamparo. Para evitar los sentimientos de rivalidad, que pueden surgir, es aconsejable motivar a los hermanos mayores para que colaboren en la atención al recién nacido -acercarle el biberón, hablarle, cantarle, arroparle en la cuna, entretenerle para que no llore,  asistir a su madre durante el baño del bebé, vigilarle cuando llegue la hora de gatear, etc.-. Ciertamente, cabe tener en cuenta las edades y capacidades de los niños para evitar accidentes inesperados.

 

Es muy importante que los padres amen a todos sus hijos con la misma intensidad para evitar celos y envidias entre los hermanos, así los harán sentir apreciados y valorados a todos; aunque, cada uno prefiera distintas manifestaciones de amor. Conviene recordar que cada hijo es diferente y, en consecuencia, tiene necesidades distintas.

 

Una frase popular revela una gran verdad: Nadie ama lo que no conoce. Para conocer profundamente a los hijos -sus gustos, sentimientos, necesidades, aptitudes, limitaciones...- es necesario que los padres les dediquen tiempo y atención. Así sabrán identificar un ámbito en particular -deportes, música, teatro, danza, etc. - en que cada uno pueda tener éxito y sentirse valorado. De esta manera se fortalece  la seguridad y autoestima de forma individual. No es recomendable insistir en que todos los hijos hagan las mismas actividades. Con el tiempo, los hermanos llegan a comprender que cada uno es distinto, poseen diferentes capacidades y aptitudes así como sus propias limitaciones y debilidades.

 

Los celos y la competitividad son las principales fuentes  de conflictos y peleas entre hermanos. Por lo tanto, es aconsejable evitar situaciones que originen esta clase de problemas, propiciando un ambiente familiar de cariño, serenidad y apoyo mutuo. Para ello se recomienda:

 

Tratar a los hijos según su carácter y temperamento individuales, pero amarlos con la misma intensidad. Procurar satisfacer las necesidades particulares de cada uno.

 

No hacer comparaciones entre los hijos para evitar la rivalidad y la envidia. Descartar el empleo de frases tales como "tu hermano/a es más responsable que tú", "aprende de tu hermano/a", "si fueras como tu hermano/a", "sólo tu hermano/a me ayuda", etc.

 

En un conflicto o pelea no se debe tomar partido por ninguno de los hijos. Conviene guardar distancia y permanecer al margen cuando la situación no muestra peligro. También se puede preguntar lo que sucede para entender por qué se están comportando así. Si se considera que ellos solos pueden resolverlo, apelando a la generosidad y capacidad de reconocer la verdad, es bueno permitirles que lo hagan; de lo contrario, se debe actuar con imparcialidad  ayudándoles a reflexionar. Es recomendable asegurarse que no queden heridas abiertas.

 

Dar atención personalizada a los hijos. Esto quiere decir que papá y mamá deben conceder tiempo a solas a cada uno de ellos. No dejar pasar los momentos en que les puedan felicitar por un encargo bien hecho, o demostrar confianza por una gestión encomendada para fortalecer su sentido de la responsabilidad. Por otra parte, deben corregir individualmente a los hijos, con cariño, comprensión y firmeza. No se debe hacer quedar mal a los hijos/as delante de los demás, porque sienten humillación e ira.

 

Se suelen exigir responsabilidades extras al hijo mayor; éste es un error que ocasiona tensiones y conflictos. Es bueno que los hijos apoyen, pero los padres deben saber que la educación y protección familiar es su responsabilidad.

 

Promover situaciones de ayuda y colaboración entre hermanos: apoyarse en tareas escolares; hacerse cargo de algo en común, como cuidar una planta o mascota, ahorrar conjuntamente para un mismo proyecto...

 

Las normas de disciplina deben ser pocas pero firmes y claras e iguales para todos. Por ejemplo: los horarios de comidas, deberes y sueño; el orden y la limpieza.

Motivar y apoyar a cada hijo de acuerdo a sus aptitudes y capacidades para que todos desarrollen la confianza en sí mismos; pero también animarlos a superar sus limitaciones para que aprendan a vencer las dificultades.

 

Fuentes bibliográficas:

- Londoño, B. (s.f.). La amistad y las edades de los hijos. Programa de Orientación Familiar Padres Líderes Internacional. Medellín, Colombia.

- IFFD. (s.f.). Convivencia entre hermanos. Programa de Orientación Familiar. Curso Primeros Pasos. Madrid, España.

 

FUENTE:
Plan amanercer

http://www.planamanecer.com/portada/Nuestros%20hijos%20%7C%20Art%C3%ADculos/content/modo/view/id/315/Itemid/56/

 

 


Publicado por Fisac 9:06 AM / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo
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