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CÓMO EDUCAR UN HIJO

Publicado por daniel 13/05/2010 01:17 / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

El dilema de los límites

Psp. María Laura Kainer

Pablo, de nueve años, le dijo a su mamá: «Mamá, si vas a seguir haciéndome tan fáciles las cosas, yo voy a ser igual que Joaquín, que se porta mal en todos lados y es insoportable.»

 

Si a los chicos se les permitiera comer sin estar sentados a la mesa, el comedor se convertiría en un chiquero. Los chicos exploran hasta dónde pueden llegar, y en esa búsqueda pueden hacer cosas desagradables o volverse insoportables. 

 

Por eso es importante recordar que:

Los límites protegen. Los pequeños suelen ver los límites como restricciones, pero, al mismo tiempo, encuentran en ellos una fuente de seguridad, que les hace sentir que nada peligroso les puede pasar. Los límites claros y conocidos generan en ellos una sensación de protección y seguridad. Y justamente ésa es la función de los límites, proteger. Los límites son la extensión de la presencia protectora de los padres.

 

Los límites socializan. La firmeza con que los padres hacen respetar a sus hijos las normas que regulan las actividades cotidianas hace que ellos comprendan que existen estructuras, que todo no da igual, que todo tiene un sentido. De esta manera, los niños van internalizando las "reglas de juego" de la sociedad.

 

Los límites ayudan a los chicos a conocer sus propias fuerzas. La hija que exige a gritos que se la atienda de inmediato y el hijo que quiere un juguete ya, si tienen que esperar o si deben terminar renunciando a lo que deseaban, aprenderán a ser más flexibles, pacientes y creativos. Si su mamá está ocupada, una vez superada la protesta o el "berrinche", el niño explorará el ambiente que lo rodea, buscará los elementos a su alcance y construirá algún juego con su imaginación.

 

Pero, ¿cómo y cuándo poner límites? ¿De qué manera? 

No es fácil determinar cuál es el mejor momento para poner límites, ni cuál es la mejor manera de afrontar esa tarea. Cuando percibimos la necesidad de hacerlo, dudamos entre recurrir a la cachetada o al grito, a la penitencia o a la prohibición de aquello que más les gusta, o recurrimos a la amenaza: «Cuando llegue papá...»

 

En primer lugar, los padres deben tener la sensibilidad necesaria para reconocer la diferencia entre necesidad y capricho respecto de aquello que sus hijos demandan. Por eso, cuando es posible, es muy importante dialogar con ellos, a pesar de su condición de niños. Los «No» deben animarnos, a ellos y a nosotros, a conversar sobre el asunto, provocando un diálogo constructivo; no deben generar un deterioro en las relaciones. Después de nuestro «No» seguramente vendrá su «¿Por qué?», y ellos tienen derecho a una respuesta. 

 

Se trata de un aprendizaje. Los padres son quienes mejor conocen a sus hijos, y este conocimiento les permite reconocer el mejor momento para señalarles los límites y la mejor manera de hacerlo. No hay una fórmula universal. Es importante tener en cuenta la personalidad y el temperamento de cada uno. No hay recetas ni fórmulas mágicas. Aquello que resulta acertado para ciertos papás, puede no serlo para otros. Lo que resulta adecuado con uno de sus hijos, quizá no lo sea para los demás. Y sabemos que la paternidad es un oficio que se aprende ejerciéndolo. 

 

La tolerancia y la comprensión son las bases del arte de educar, y educar implica necesariamente poner límites, lo cual debe ser hecho con amor pero teniendo en cuenta a la vez qué es lo mejor para nuestros hijos.

 

 FUENTE: Academia de Ciencias Luventicus

http://www.luventicus.org

 


Publicado por Fisac 9:06 AM / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo
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