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HABLE CON SUS ALUMNOS SOBRE EL ALCOHOL

Publicado por daniel 06/03/2008 06:50 / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

¿Cómo son nuestros alumnos?

Felipe José de Vicente Algueró

ESPAÑA

La educación de nuestros adolescentes y jóvenes, sobre todo en la franja de edad entre los 14 y 18 años, es noticia. Y cada vez más. Los profesores se quejan, con razón, de las dificultades que encuentran en las clases, los crecientes problemas de disciplina, el poco interés y escaso esfuerzo que muestran bastantes... El sistema educativo, fruto de la nefasta LOGSE, no contribuye a mejorar ni el nivel de conocimientos ni el clima escolar apropiado para estudiar. Eso suponiendo que la LOGSE se hubiera propuesto que nuestros chicos y chicas estudien...

 

En las aulas de nuestros institutos y colegios afloran muchos problemas. No pocos se pueden achacar al sistema educativo, pero otros son también producto de la "cultura" juvenil imperante, del sistema de valores, creencias y actitudes de nuestros jóvenes. La tarea educativa de los padres y profesores es cada vez más difícil y, en muchos casos, ha de ir a contracorriente. Por eso, para educar habrá que conocer previamente cómo son nuestros jóvenes.

 

Según el Instituto de la Juventud, se consideran jóvenes los ciudadanos entre 15 y 29 años. Esta franja de edad comprende, en España, casi 9.150.000 personas, es decir, el 22,4 % de la población. La inmensa mayoría vive con su familia, en un espacio de convivencia que se hace cada vez más complejo e, incluso, difícil. En este ámbito se produce la transición a la vida adulta, proceso que, según muchos psicólogos, se ha prolongado en el tiempo. O, dicho con otras palabras, el proceso de madurez es más largo o el grado de "infantilización" de nuestros adolescentes, mayor.

 

Nivel de conocimientos

El nivel de conocimientos en cuatro áreas básicas (Matemáticas, Ciencias, comprensión lectora y resolución de problemas) es muy bajo. Los resultados del informe internacional PISA 2003, que tanto revuelo provocó al publicarse, muestran que los estudiantes españoles de 15 años están por debajo de la media en estos 4 ítems.

 

No existe ninguna otra prueba internacional que mida conocimientos comparados en edades posteriores (por ejemplo antes del ingreso en la Universidad), pero el hecho de tener el Bachillerato más corto de Europa (2 cursos, cuando la mayoría está en 3), puede dar idea de que en 2 años difícilmente se podrán paliar los enormes déficits de conocimientos que se acumulan al terminar una ESO caracterizada por un bajo nivel de exigencia académica.

 

A estos datos habrá que añadir el alto porcentaje del llamado "fracaso escolar" casi un tercio de nuestros adolescentes no consigue ni tan siquiera obtener el título de Graduado en Enseñanza Secundaria Obligatoria, a pesar de los ímprobos esfuerzo de las administraciones educativas para ponérselo fácil.

 

También son preocupantes los datos sobre escolarización posterior a los 16 años. En España, el porcentaje de jóvenes que siguen estudios después de la ESO está entre los más bajos de la OCDE. A la temprana edad de 17 años, uno de cada 4 jóvenes abandona los estudios, la mayoría sin ningún título ni calificación profesional elemental. A los 24 años, sólo el 65 % de la población de esta edad ha obtenido alguna acreditación de estudios postobligatorios (Bachillerato, Formación Profesional o Garantía Social) , cuando la media de la Unión Europea (25 miembros) está en el 76%. El abandono educativo temprano es uno de los problemas graves de nuestro sistema.

 

El Tiempo Libre

El gráfico anterior muestra, según el sociólogo Javier Elzo, cuáles son los intereses más aceptados por la juventud española. El conjunto se puede resumir en dos palabras: pasarlo bien. Nuestros jóvenes quieren una familia que los acoja (evidentemente como a ellos y ellas les gusta, sin muchas exigencias) y el bienestar físico. Es decir, un horizonte vital dominado por el hedonismo desenfadado. Este medio ambiental en el que se desarrolla la vida de la gran mayoría de jóvenes, se concreta después en otras actitudes vitales, como el consumismo puro y duro, una sexualidad desinhibida, escasos compromisos y nada de pensar en ideales exigentes. Y, para pasarlo bien, el tiempo libre de nuestros jóvenes oscila entre las 25 y las 40 horas semanales. Algo impensable en sus abuelos.1

 

Lo que más preocupa a los adolescentes entre 15 y 17 años que viven con sus padres es comprarse una moto y a los más mayores, comprarse una casa para emanciparse. A parte de estas "preocupaciones", cómo llenar el abundante tiempo libre es la máxima ocupación. Pensar el presente más inmediato (por ejemplo, a qué van a dedicar el fin de semana), es la preocupación más acuciante para la mayoría, ya que el futuro no les quita el sueño.

 

Según el Instituto de la Juventud la principal actividad de nuestros jóvenes es salir con los amigos, seguido de practicar deporte e ir de copas, aunque es que la primera y tercera sean, en la práctica la misma cosa. La edad en que toman la primera copa se sitúa en los 16,2 años. Casi todos (92,4% ) lo hacen los fines de semana y en bares y discotecas (96,7%). La principal razón por la que se inician en el alcohol es "por integrarse en un grupo, por los amigos" (33,3%) y la segunda, "por probar" (24,4%).

 

El consumo de alcohol ha ido creciendo significativamente entre nuestra juventud. El crecimiento más espectacular se da entre las chicas, ya que casi la mitad ya consume alcohol antes de los 20 años. La franja de edad con mayor consumo de alcohol se sitúa entre los 25 y los 29 años.

 

Ligado al consumo de alcohol está el de tabaco. También la iniciación al tabaco es muy temprana. Con datos de 2002, el 4% de los chicos y el 8% de las chicas empiezan a fumar a los 14 años. A los 16, lo hacen el 18% de los varones y el 28% de las mujeres. A diferencia del alcohol, las chicas se inician antes y con más intensidad en el tabaco. De todas maneras, las campañas contra el tabaquismo han conseguido éxitos parciales, ya que los porcentajes eran superiores en años anteriores. Los motivos para fumar son exactamente los mismos que el alcohol: integrase en el grupo de amigos y probar una nueva experiencia.

 

Alcohol y tabaco suelen ser, muchas veces, antesala del consumo de drogas.

En torno al 19% de los jóvenes entre 19 y 24 años son consumidores habituales de drogas, pero un 44% afirma probar drogas "alguna vez", según la encuesta de consumo de drogas año 2002 de la Fundación de Ayuda a la Drogadicción. La droga más consumida es el cannabis (el 90% de los consumidores habituales). El consumo de estupefacientes crece entre la juventud y se introduce en edades tempranas. Casi el 35% de los jóvenes entre los 15 y 19 años han probado alguna droga y en torno al 14% en esta franja de edad ya consumen con cierta regularidad.

 

La precocidad en el consumo de drogas es un dato muy alarmante. Según la Unidad de Adolescencia de la Clínica Dexeus de Barcelona, el número de menores de 16 años que pide ayuda para desintoxicarse en las unidades de atención al drogodependiente se ha doblado en tan sólo un año. Si en el 2002, del total de drogodependientes en tratamiento, un 1,9% eran adolescentes que no superaban los 16 años, en el año 2003 ese porcentaje se situaba en el 3,8%.

 

Si el salir los fines de semana con el trío alcohol, drogas y tabaco como formas de llenar las horas es la principal actividad fuera del hogar de nuestros jóvenes, ¿cuáles son las que realizan dentro de casa? La mayor dedicación es consumir televisión, seguida de escuchar música y usar el ordenador.

 

Estas son las tres mayores ocupaciones en la franja 1519 años. Entre los 20 y 24 años, la tercera ocupación pasa a ser la lectura, cuyo peso como actividad dentro del hogar aumenta con los años. El consumo de televisión está entre los más altos de Europa así como la afición desmesurada por el teléfono móvil (9 de cada 10 jóvenes lo usan habitualmente). La media de horas semanales frente al ordenador es de 9.

 

Respecto a la sexualidad, otra actividad de ocio, ya que la inmensa mayoría no la ligan a una relación estable basada en el amor y el compromiso mutuos, los datos son también significativos. La edad promedio de la primera experiencia sexual se sitúa en los 18 años para las chicas y los 17 para los chicos. En la franja 2124 años, más del 90% de jóvenes afirma haber tenido relaciones sexuales completas.

 

Por último, un dato que llama la atención es el crecimiento de los delitos penales entre adolescentes y jóvenes. En 1998 se contabilizaron 3.514 delitos entre jóvenes (90% varones). Sólo 4 años después esta cifra subía a 12.941? es decir, se ha cuadruplicado. La mayoría de delitos son robos (casi la mitad), pero alarma que el número de homicidios: en 1998 fueron 8 y en 2002 de 48. Este delito se ha multiplicado por 6 en sólo cuatro años.

 

Valores y creencias

Las actitudes vitales antes descritas conectan con un universo de preferencias intelectuales, códigos de conducta y criterios morales muy determinado que no puede sorprender, vistos los datos anteriores.

 

La mayoría de jóvenes (algo más de la mitad) encuentran en la familia el primer ámbito de socialización y adquisición de ideas, valores y creencias. El segundo ámbito de socialización es el grupo de amigos, a poca distancia de la familia. Los centros de enseñanza sólo son lugar de adquisición de ideas y creencias para el 18% de los jóvenes y las iglesias ocupan el último lugar (sólo para el 2,7%).

 

Aunque la familia pierde importancia en cuanto a lugar de transmisión de ideas, sigue siendo un lugar privilegiado. Si el grupo de amigos y el centro de enseñanza ofrecen un universo mental coherente con la familia, los chicos y chicas pueden recibir una visión del mundo estable y sin contradicciones. La importancia del colegio (a pesar de que no ocupa un lugar destacado) cobra su significado si entendemos que es allí donde los adolescentes traban sus amistades.

 

Actitudes ante determinados temas2

El cuadro anterior muestra algunas de las ideas más extendidas entre la juventud española y que diseñan un espectro ideológico que se podría calificar de "progre", pues la mayoría de posicionamientos que defiende la progresía intelectual se reflejan en estas preferencias. La mayoría está a favor de las uniones homosexuales, la transexualidad (en consonancia con su actitud totalmente permisiva con el sexo), el aborto libre y voluntario, la eutanasia y tener hijos sin casarse previamente. Aunque en este panorama sorprende que la mayoría esté a favor de la enseñanza religiosa en las escuelas y en contra del consumo de drogas. Todo un conjunto ideológico marcado por las preferencias hedonistas propias de las conductas mayoritarias y por el relativismo moral imperante en la sociedad occidental.

 

Las modas intelectuales, asumidas acríticamente y con contradicciones, configuran también un modelo de compromiso político especial, alejado de los programas y debates políticos más convencionales. La mayoría muestran simpatía por movimientos ecologistas, de defensa de derechos humanos, pacifistas, feministas y de protección a los animales (más de 6 puntos en una escala de 0 a 10) , mientras que poca simpatía para los partidos políticos ( 3,51 puntos), por cierto menos valorados que las organizaciones religiosas (3,65 puntos).

 

En cambio, este panorama hay que matizarlo cuando se pasa al compromiso activo. La gran mayoría de jóvenes (más del 80%) no militan activamente en organizaciones que defiendan algunos de las ideas en las que dicen creer. Sólo un 12,6% dice formar parte de alguna asociación deportiva. Y, sorprendentemente, el segundo lugar entre el asociacionismo lo ocupan las asociaciones religiosas: un 3,3 participan activamente en alguna y casi un 4% lo han hecho alguna vez en su vida. En cambio, militan en organizaciones pacifistas un 0,4%, en movimientos antiglobalización un 0,5 y en ecologistas un 1%. No parece que el compromiso activo sea una característica de la juventud y, en todo caso, parece que el único compromiso aceptado sea el religioso, aunque muy minoritario.

 

En cuanto a instituciones o actividades sociales, la inmensa mayoría (78%) considera la familia como la institución más importante (otra cosa es la definición de familia, que pasa por una reformulación bastante amplia). La salud y la amistad son otros de los elementos más valorados, mientras que la religión sólo es muy importante para el 8% y bastante importante para el 21%.

 

La política convencional está a la cola de interés: el 4% la considera muy importante y el 18% bastante. En contraste con el escaso interés por la religión, destaca la preocupación por el "bienestar espiritual", muy importante para el 24% y bastante para el 47%.

 


El cuadro anterior muestra las creencias religiosas de los jóvenes españoles respecto al catolicismo. Aunque la mayoría se declaran católicos (más del 60%), los practicantes son minoría, aunque más comprometida y libre que hace años. La edad con mayor nivel de práctica se sitúa entre los 1314 años (37%), bajando al 15% entre los 1517 años y al 11% entre los 18 años, coincidiendo con la crisis de la adolescencia. A partir de los 21 años se observa un pequeña recuperación en la conciencia religiosa católica de los jóvenes.

 

En el universo religioso de los jóvenes predomina - quizás por la formación católica recibida en la enseñanza primaria y media-una religiosidad de fondo: una gran mayoría (64%) cree en Dios y más de la mitad (55%) en Jesucristo.

 

Algunos de los principios básicos del cristianismo siguen suscitando una cierta adhesión entre la juventud: el 45% cree en el alma , el 42% en la Virgen María, el 36% en el cielo, el 26% en los milagros y el 29% en la Iglesia Católica. Pero respecto a la Iglesia, la actitud de los jóvenes es más bien crítica: sólo el 11 % considera que ha de ser fiel a su doctrina (cifra que coincide con la de católicos practicantes), mientras que el 64% piensa que ha de adaptarse a los tiempos modernos (se supone que al código de conducta vivido por los jóvenes).

 

Incluso casi el 10% opina que ha de desaparecer, lo que muestra un anticlericalismo radical en una sector -de momento minoritario-de nuestra juventud. Pero aunque la confianza en la Iglesia y en sus dogmas es muy baja y la gran mayoría de jóvenes se alejan de la doctrina cristiana, surgen opciones alternativas religiosas entre la juventud. El cuadro siguiente es altamente significativo.

 


Aunque los jóvenes no son muy dados a creer en la Iglesia y sus dogmas, son capaces de aceptar cualquier otra creencia. Nada amenos que el 30% creen en los espíritus el 21% en curanderos y el 14 % en los horóscopos. Todo ello a principios del siglo XXI" dibuja un panorama preocupante: el alejamiento de la Iglesia se desliza hacia formas de religiosidad intelectualmente poco sólidas, pero que no comprometen la conducta moral, son compatibles con sus actitudes vitales y llenan esa especia de ansia de "bienestar espiritual" que dicen buscar.

 

El escaso valor que nuestra juventud da a la religión y en concreto, al catolicismo , contrasta con el peso importante que tiene la enseñanza religiosa entre los niños y adolescentes. Según datos de la Conferencia Episcopal, durante el curso 20042005, el 79,3% de los alumnos de enseñanzas no universitarias cursaban la asignatura de Religión católica. Además, uno de cada cuatro alumnos de enseñanzas no universitarias lo hace en un centro católico y más de 100.000 lo hacen en universidades católicas o de inspiración cristiana.

 

La pregunta que pueden hacerse los responsables de la educación cristiana de nuestra juventud es cómo es posible que disponiendo de tan amplios medios (en gran medida sufragados por el Estado, que paga los sueldos del profesorado de Religión y los conciertos educativos), no haya calado más profundamente en estos jóvenes un sentido cristiano de la vida y del mundo. En cierta medida cabría hablar de un fracaso del papel de los centros católicos en la transmisión de unos valores más acordes con el cristianismo.

 

A Modo de "Retrato Robot"

Los jóvenes españoles se insertan en la ideología dominante, o sea en los parámetros intelectuales de la llamada "postmodernidad", inspirados en una concepción materialista de la vida. Javier Elzo ha resumido en el cuadro adjunto el contrate de valores entre la modernidad y la postmodernidad, entre la generación joven y las anteriores:

 


Estamos, por tanto, ante un modelo de cultura juvenil muy nuevo, en algunos aspectos, extraordinariamente nuevo, que es necesario tener muy en cuenta en la tarea educadora, sobre todo cuando esta tarea se efectúa desde una determinada escala de valores. Nuestros jóvenes se mueven por necesidades primarias, sólo les preocupa el presente más inmediato, son muy sensibles a determinados clichés mediáticos (por ejemplo sobre la religión y el catolicismo en particular), bastante ajenos a la realidad que tienden a idealizar o a eludir en sus aspectos más concretos. Se sitúan en una ambigüedad moral calculada, fruto por un lado del relativismo postmoderno y de la incapacidad de compromiso.

 

En gran parte, este retrato - necesariamente simplificador-tiene bastante que ver con la educación recibida, basada muchas veces en un escepticismo metodológico, en fomentar muy poco el esfuerzo personal y, en el caso de los centros católicos, en una escasa o nula preocupación por transmitir una cultura católica sólida, intelectualmente atractiva y enseñada por un profesorado competente y consciente de su misión.

 

La educación - y las reformas educativas españolas son una muestra-ha tendido a la infantilización, a retrasar el proceso de maduración afectiva e intelectual de nuestros adolescentes. Los profesores han denunciado constantemente la "primarización" de la enseñanza secundaria, convertida en una mera prolongación de la enseñanza primaria, la falta de una cultura del esfuerzo (baste recordar la promoción automática de curso promovida por la LOGSE), o las concesiones demagógicas consecuencia de un paternalismo mal entendido (por ejemplo, la eliminación de la Reválida al término del Bachillerato).

 

El paleo progresismo pedagógico imperante se ha cargado la autoridad del profesor - dificultando su tarea educadora, del director (España sigue aferrado a un modelo de dirección escolar no profesional, en contra de la casi unanimidad de sistemas europeos), y concibe la educación como una tarea más lúdica que académica. Así difícilmente se forman personas maduras.

 

El resultado es una adolescencia prolongada, que sume al joven en una situación psicológica de inmadurez promovida y fomentada. Si en las generaciones anteriores la adolescencia y la juventud se entendían como una preparación para la vida adulta, ahora es todo lo contrario.

 

La adolescencia se convierte en una etapa autónoma, a la que se mima con mensajes publicitarios y pautas de consumo y conducta fomentadas por seriales televisivos y prototipos en que mirarse poco fiables.

 

La prolongada inmadurez afecta a la educación afectiva y al desarrollo psíquico. Cuantos trabajan con adolescentes y jóvenes saben muy bien los problemas que derivan de esta inmadurez y falta de una educación afectiva coherente. La educación afectiva que reciben muchos adolescentes se reduce a una concepción materialista del sexo, a recomendarles preservativos, con el mensaje implícito de que pueden hacer lo que les venga en gana sin más precaución que el condón. Todo ello trae consigo que las relaciones sexuales sean más precoces, desligadas de una relación personal seria y que terminan por generar frustraciones cuando no desequilibrios: el número de depresiones y de visitas al psicólogo no paran de crecer entre los adolescentes.

 

Otra muestra de la adolescencia prolongada es la incapacidad de compromiso y, en consecuencia, el rechazo a cuanto les pueda recordar ligámenes más o menos estables. La crisis ideológica postmoderna traducida en individualismo puro y duro afecta al comportamiento de los jóvenes que se encuentran indiferentes ante opciones políticas, morales y, no digamos, religiosas. El mercantilismo explícito en las relaciones sociales, el capitalismo elevado casi a pensamiento único , favorecen el individualismo de nuestros jóvenes a quienes se les inculta la necesidad de competir más que la de amar. Costo y beneficio son criterios más aceptados que los de bien común. La publicidad que inunda sus mentes a través de la televisión es un medio poderoso para favorecer el individualismo consumista.

 

¿Y las familias? El entorno familiar es fundamental en la madurez de los adolescentes. Pero este entorno se ha resquebrajado en gran medida. Los chicos y chicas que viven en unidades familiares "desestructuradas" es muy elevado. Según el Instituto Nacional de Estadística, hubo en España 211.492 matrimonios y 115.188 separaciones y divorcios en el año 2002. El porcentaje de divorcios por cada 100 matrimonios es de 18, y es una cifra que aumenta anualmente y aún es mayor si se le suman las separaciones.

 

La facilidad en el trámite de divorcio aprobada por el gobierno socialista disparará en el futuro estas cifras. Muchos adolescentes sufren las consecuencias de los problemas previos y posteriores a una ruptura familiar, lo que en mucho casos incide negativamente en su vida.

 

Además, la autoridad de los padres ha sido cuestionada y criticada. Cuesta mucho que los adolescentes se integren en un modelo relacional positivo de familia. Según el sociólogo Javier Elzo, un 15% de las familias españolas pueden ser calificadas de "conflictivas" , en la que sus miembros se llevan muy mal entre sí y nada menos que un 43% (la gran mayoría) son descritas como "nominales", en las que las relaciones internas entre padres e hijos casi no se dan.

 

El citado sociólogo las califica como de "coexistencia pacífica más que de convivencia participativa". El resultado es que el papel socializador de la familia se ha diluido considerablemente. Muchos padres transfieren sus responsabilidades a la escuela, que se ve desbordada por el rol que ha de desempeñar.

 

El resultado es que muchos adolescentes buscas modelos de socialización (muchas veces negativos) en los grupos de amigos o en héroes de ficción transmitidos por el cine o la televisión. La situación más patológica de la falta de una ambiente socializador positivo es la caída de bastantes adolescentes en sectas o en tribus urbanas.

 

Este es el perfil genérico de muchos jóvenes. Pero no de todos. En el panorama sociológico de la juventud se observa - más en otros países que en España-una revolución silenciosa que hace a muchos preguntarse seriamente por su vida, profundizar en su ser y realizar una serena autocrítica de las pautas de conducta que no llevan ninguna parte. Existe una minoría de jóvenes que buscan el compromiso con los demás: los vemos en ONGs o en grupos religiosos. En estos grupos se produce un proceso de socialización paralelo y alternativo al que ofrece la sociedad postmoderna, en torno a modelos de vida que en sí mismos ya son una tremenda crítica al individualismo y materialismo de la mayoría.

 

Referencias:

Centro de Investigaciones Sociológicas, "Valores y creencias de los jóvenes",

2001

Francisco J. Llera y Alfredo Retortillo, "La situación de la religión en España a

principios del siglo XXI", Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 2005

Fundación Santa María, "Jóvenes 2000 y religión"

Instituto de la Juventud, Informe Juventud en España 2004

Instituto de la Juventud, Sentido, valores y creencias en los jóvenes (2002)

Instituto de la Juventud, Sondeo de opinión y situación de la gente joven 2001

Instituto de la Mujer, Estadísticas , Familia

Javier Elzo, "La educación del futuro y los valores", Fundación Jaume Bofill y

FUOC, 2004

OCDE, Informe PISA,2003

Plan Nacional sobre Drogas, Encuesta escolar sobre drogas

 

1- Javier Elzo, "La educación del futuro y los valores", Fundación Jaume Bofill y FUOC, 2004

2- CIS, "Valores y creencias de los jóvenes", 2001

 

FUENTE:
" Nueva Revista" , núm 102,  Noviembre- Diciembre, 2005

Associació de Catedràtics d'Enseyaments Secundaris de Catalunya

http://www.acesc.net/como%20son%20nuestros%20alumnos.pdf

 

 

 


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